Falles i Alex Turner

 

Reconec que no he fet res perquè m’agraden les falles,

però tampoc han fet res elles  mai perquè  m’agraden…

tal volta si hi hagués una noia amb abric roig,

una melodia alegre i focs entre foscos quotidians…

(També és fort que la revelació siga anglesa i no valenciana)

 

 

NOTA: Fragment de la peli “Submarine (2010) que recomanem molt i en parlarem un dia d’aquestos.

¿Hay literatura en las Fallas?

Publicat en Cuaderno10 (22-03-2010)
Autor: Israel Pedrós
ISSN 2171-9985
Núm. 8
 

 

¿Hay literatura en las Fallas?

Me hallo en la vigilia de una despertà. Por si hay algún lector que no conozca la fiesta fallera valenciana les explico. Consiste en un conjunto de blusones negros que dan vueltas al pueblo tirando petardos sin parar a las 8 de la mañana. Estoy asomado a la ventana, mientras me vienen sueños de B-52’s bombardeando, con un cartel que les dice: «¡esto es un petardo!». (Me gustaba más otro, pero el fabricante de bombas me plantea pegas por la extensión. Decía: «si quieres caldo, dos tazas»… de napalm, añadía yo.) Curiosamente miro a “los despertadores” y no veo mujeres. (También les añado que una mujer vestida de fallera me parece tan erótica como el carburador de un coche). El discurso es innovador: los hombres a la guerra y las mujeres se quedan cocinando. Y una vez ellos han tomado la ciudad ellas les han preparado churros y los mojan en tazones de chocolate, mientras de fondo se oye: «capturado y despetardeado el ejército rojo…»

Creo que las Fallas son una de las realidades menos literarias que existen. Si se fijan cada elemento es el fracaso de la literatura ya que ésta, como cualquier arte, es el intento de representar la realidad mediante diversos mecanismos, ya sea con el intento de copiarla o mediante la fuga veloz de ella; buscando sugerirla con ironía o distorsionándola con la hipérbole. Busquemos pues la literatura en una ciudad que decide paralizarse 19 días, celebrando el tiempo primaveral y ubicando en cada calle un monumento a la crítica del poder. Lo que cuenta es la idea y no el presupuesto, al fin y al cabo la fiesta nació con la quema de los trastos viejos. Como el mundo actual potencia la soledad y el individualismo, se hacen casas comunales para saber más los unos de los otros y se desea que venga gente de otros barrios y otros países para recibirlos con los brazos abiertos. Durante un par de días, aquellos que tienen fe cristiana deciden realizar un camino a pie -como símbolo de su devoción- y acuden a regalarle una flor a una virgen, para que se consuele su abstinencia. Y como la ciudad piensa que todo esto es algo maravilloso decide avisar a otras ciudades para que también lo hagan. Por eso a mediodía deciden lanzar el mensaje en un código transportable. Y como no están del todo satisfechos con cómo el cielo dibuja la noche, deciden reformar las estrellas con sus luces. Y, además, cada mañana vienen a llamarte para que no te pierdas semejante espectáculo.

No pienso discutir, así que piensen ustedes si la realidad que asoma a su puerta tiene algo de eso o por el contrario, los valores que se generan son la ideología rancia del conservadurismo y la hipocresía. O si en conjunto son la traición a la germanor y el catolicismo y la exaltación del capitalismo: todo es fachada; haré lo que me da la gana y que se fastidien los demás. Sin hablar de que la simbología es el culmen del sistema: la guerra. No sé por qué pienso en Groucho (tal vez porque que nunca hallo humor y literatura en estas fiestas) cuando dicen que la ironía también nació aquí. ¿No les parecería mejor que hubiese algo así? «Una mañana me desperté y maté a un elefante en pijama. Me pregunto cómo pudo ponerse mi pijama». Si se fijan las calles de Valencia en Fallas podrían considerarse un relato con faltas de ortografía. No seré yo quien imponga la monotonía del orden frente al surrealismo del caos. Pero, ¿encuentran a Breton y a los dadaístas por Valencia? Yo creo que se exiliaron al Veles i Vents, pero no al del puerto, sino a embarcarse en un verso de Ausiàs March.

Por último, una súplica. Sé que las tradiciones hay que respetarlas, aunque sean la pena de muerte, la esclavitud o lanzar una cabra. Pero levantarse con dolor de cabeza me parece una tradición a reformar. Así que si su ilusión es despertarme, me parece bien: llámenme al timbre a las 7 de la mañana pero no bombardeen bajo mi ventana. O mejor, grábense un Youtube con sus masclets y yo ya lo miro a la hora que quiera. Perdonen si sueno moralista o carca, pero es que no he dormido.

Israel Pedrós

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