poemes desabrigats

Els poemes no sempre han de ser el paper amb que emboliquem un regal, bonics i amables.

Els poemes també han de ser una veritat plasmada, i han de passar fred malgrat que tinguen un abric.

Tal volta, els poemes més grans de J. L. Piquero siguen  Malo i Oración de Caín, però jo hui me n’he enrecordat d’aquest…

 

Hace un frí­o de muerte, un frí­o triste
incluso para enero y para estar tan solo.
Y yo soy poco menos que una persona hundida
en las solapas de mi americana,
un ser raro del frí­o que gasta americana, un sospechoso,
alguien que bien podrí­a enseñar una placa o un cuchillo.

Y ahora me acuerdo de mi abrigo azul
de pelo de camello,
el mejor que he tenido. Tú me lo regalaste.
Recuerdo que llegaste con él a la oficina y allí­ mismo
me lo probé. Mis compañeros
se reí­an y a mí­ me daba igual.
Era un señor abrigo, lo escogiste
a ojo de buen cubero: me caí­a perfecto.
Se podí­a plantar cara al invierno con un abrigo así­.

Pero ahora no lo llevo y mira que hace frí­o en estas calles
de todos los demonios. El abrigo
estará a 1.000 kilómetros, cálido para nadie, piel gastada.
Tú y yo estamos también a 1.000 kilómetros
o a 100.000 años luz, igual que dos cometas, y si nos encontráramos
sólo cabrí­a un choque: un cataclismo.

Mi querida enemiga: finalmente
ocurrió lo que entonces, cuando vení­as con tu bolsa y en la bolsa el abrigo
y yo me lo probaba en la oficina
como se viste un prí­ncipe en el dí­a de su coronación,
ha ocurrido lo que era en aquel tiempo la peor de nuestras pesadillas: no estar juntos.
Y me pregunto cuándo, en qué momento, a lo largo de eones que han pasado, desde que el mundo era
una gran primavera reluciente,
empezaron las cosas a ir tan mal,
tan rematadamente mal,
y a hacer tanto, tanto frí­o.

Y supongo que tú
también tendrás noches a la intemperie
-como esta misma- en las que haces recuento de errores y fracasos, y no sé
qué clase de calor será el que eches de menos.
Seguro que yo hice algo por ti,
pero no lo recuerdo, algo inocente o práctico, o generoso o noble,
que compensa todos esos errores
y a ti te reconforta en las peores noches
y a mí­ me salva.

Mi abrigo azul de pelo de camello.
En mi vida he tenido
un abrigo tan puñeteramente bueno como aquel.

 

José Luis Piquero.

Carta als adolescents

 

Hi havia ratoncito perez, guardioles de dòmund per als negrets, homes del sac i ahí no se pot jugar a futbol… Però també hi havia altres parenostres que no ens arribaven, com aquest de J. L. Piquero ….

 

             Mensaje a los adolescentes

                             Esto no debéis intentar repetirlo en casa, niños.

 

Niños, probad a hacerlo en casa
y sabréis lo que es bueno sin que os lo cuente nadie.
Recordad que no hay nada que vuestros padres puedan enseñaros.
Ellos no son vosotros.

Acostaos, bebed.
Hace siglos que están ocurriendo estas cosas
y nadie ha demostrado
que sean mucho peores que una guerra.
Existe un paraí­so tras esa raya blanca.

Cuanto hace daño y no hacéis,
niños, lo estáis cambiando por la serenidad.
¿Os han hablado de ella? ¿Sabe alguno a qué sabe?

Si ignoráis quiénes sois evitad el rodeo
de averiguarlo uniéndoos a los demás. Una plaza en el grupo
es un puesto en el mundo;
ahora bien,
niños,
que levante la mano el que quiera morirse siendo útil y sensato.
Tenéis razón: no es nada divertido.

Por lo demás, sé que no sois felices,
a lo mejor pensábais que todo el mundo os odia. Pues es cierto,
pero sobran motivos: sois jóvenes y estúpidos
y no tenéis derecho
a todo ese futuro que vais a malgastar (como nosotros).

Entonces, ¿estáis solos? Así­ es.

Aprended a ser libres, no esquivéis la mentira;
sabréis por experiencia que es más sólida que una verdad pactada.

Y sobre todo,
niños,
no creáis
que la vida merece la pena de vivirse
sólo porque lo juren desde siempre los peores cabrones.

 

J. L. Piquero