¿Puede haber literatura al alimón?

Publicat en Cuaderno 10 (15-09-2015)
Autor: Israel Pedrós Pastor
ISSN 2171-9985 
 

¿Puede haber literatura al alimón?

¿Se han fijado alguna vez en lo juguetona que es la expresión «al alimón»? Acostumbramos a no usar las palabras que suenan bien, desconozco el porqué. Hasta no hace mucho había un sinónimo que se usaba mucho: «consenso». En realidad no sé si ambas significan lo mismo pero no he encontrado ninguna filóloga de guardia que me lo resolviese, así que permítanme que especule de oídas. El «consenso» suena más resignado, a una falsa amistad con la melancolía; sin embargo, «al alimón» es como un fin de semana que empieza, entre brincos y haciendo planes. En nuestra literatura seguimos ocultando alalimones en eufemismos, por ejemplo seguimos llamando a la generación luminosa de la república la «Generación del 27», tal y como la bautizó Menéndez Pidal en tiempos oscuros; pero ya no nos debería valer el atenuante, porque ya nos encendieron la luz, y deberíamos reivindicarlos con el tiempo en el que todos ellos creían y crearon al alimón: «La Generación de la República» — y no vincularlos a un número que no dice nada, y más a ellos que dijeron tantas cosas con sentido—.

Otra palabra que exige que vayamos al alimón y suena bien es «solidaridad» — tan solo hay que desgranar el astro y el verbo que la componen— pero exige que rompamos el consenso de las lágrimas de cocodrilo y la inercia de los consensos. Hay que volver a leer a Mafalda pero con calma y osadía. Nuestro presidente también lo dijo en una entrevista: «una cosa es ser solidario, y otra es serlo a cambio de nada». A priori puede parecer una paradoja. Pasados unos minutos sigue pareciendo una estupidez, pero unas horas después, si le damos la vuelta al sentido en que Rajoy lo diría, podemos ir al alimón con él, la solidaridad no debe ser caridad sino que debe servir para cambiar algo. Primo Levi ya lo planteó en sus lúcidos libros los interrogantes dolorosos: cuando la sociedad alemana iba a un mercado dominical repleto de ropa y zapatos baratos ¿no se preguntaba, no sabía el porqué de ese precio? En la literatura este cuestionamiento de la inercia consensuada se ha hecho desde múltiples perspectivas, una muy curiosa la hizo el valenciano Max Aub desde el exilio mexicano en un cuento con título muy seductor La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco. En él se descubre que fue un camarero mexicano el que lo mató pero no por razones de justicia o de ideología, sino que lo hizo para que no se eternizasen las letanías y los cafés de los españoles exiliados allí, y le hiciesen la jornada laboral más distraída…; o tal vez lo hizo sólo para que fuesen más allá del obstáculo y para que pensasen más a largo plazo y al alimón.*

* El cuento de Max Aub es muy breve, así que léanlo: es un descubrimiento curioso.


Israel Pedrós
 
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Reseña de “Carceller. El éxito trágico del editor de La Traca” de A. Laguna

Publicat en Cuaderno 10 (02-07-2015)
Autor: Israel Pedrós Pastor
ISSN 2171-9985 
 

Reseña de “Carceller. El éxito trágico del editor de La Traca” de A. Laguna*

¿Qué es la sátira? Hay miles de definiciones y generalmente la mayoría, o las visiones más hegemónicas de ella, suelen ser muy académicas. Algunos historiadores más combativos utilizan una definición bastante más sintética: “la sátira es usar el humor con fines agresivos, como arma en la batalla”; así le dan la vuelta tratando de aprender que la realidad es reflejo del movimiento de sus protagonistas y no el ansia porque la sintaxis sea más pura.

Hoy vengo a hablarles de un libro, de un ensayo que hace justicia a un olvido muy largo. Carceller. El éxito trágico del editor de La Traca, de Antonio Laguna. ¡Corran a comprarlo y leerlo!… Me dicen que la librería está cerrada, así que mientras hacen tiempo les daré tres razones para ello.

1. Porque el olvido es injusto. La Traca es una revista satírica de vital importancia no sólo en Valencia sino en toda Europa. En 1912 Carceller consigue vender 500.000 ejemplares cada semana (y no hace falta que dé los datos de analfabetismo de la época). La expectación que genera hace que cada número se espere con curiosidad para conocer qué pasa con sus personajes (como es el caso dela Nacia que, tras 14 meses sin parir, no se sabía si lo haría o si se alistaría con sus gemelos en las Brigadas Internacionales). Unos dibujantes capaces de mantener ese ritmo nada tienen que envidiar a las vanguardias de París o Weimar. Y eso que se ideaba desde un lugar mucho más pequeño: La Cañada. ¿Por qué no se estudia en las escuelas el fenómeno?… El interrogante lleva muchas claves de nuestra historia.

2. Compromiso y comercialidad no son antónimos. En La Traca hay elementos que no son cómodos a los cánones progres. Pero, además, también se sienten incómodos porque les gustaría moldearla: sus portadas son una declaración clara de republicanismo, de irreverencia, de tener claro quiénes son sus enemigos. Tienen portadas inmisericordes con curas y con el cinismo de la cofradía del santo reproche, con los borbones, con Franco (como la portada del libro) o con Queipo de Llano. Por tanto el análisis debiera replantear las preguntas, obviando fondo y forma, hasta entender el contexto: quién daba la batalla y si La Traca era un arma eficaz. Carceller. El éxito trágico del editor de La Traca parece respondernos (y esto no es ningún spoiler): el adjetivo del título ya alude a su funesto destino: su fusilamiento y el cómo se silenció casi hasta hoy la revista.

3. Porque los Carceller no se estudian. Vicente Carceller fue un dibujante y empresario que se empeñó en resucitar La Traca discutiendo con censores, cárceles, multas… teniendo claro siempre qué editorial quería poner. También estuvo detrás de otras revistas satíricas, como El Chorizo japonés, en cosas más literarias y en otras más falleras y taurinas, en el Teatro Serrano y en el Cine Metropol. Sin él no se puede explicar la cultura de Valencia o la de España durante el primer tercio del XX. Y sin embargo se sigue explicando. ¿Por qué? Seguramente porque es más cómodo el relato de intelectuales dubitativos en su torre de marfil, en lecturas teóricas y superficiales de la realidad. No se trata de hacer de Carceller un héroe altruista, pero sí de estudiar su legado para saber qué hizo. Y además, y sobre todo, porque lo hacía con humor y rebeldía. Por eso el libro es tan recomendable. Si no me creen lean el episodio del “nano” que movió de la Calle d’En Llop hasta la Cañada: nada que envidar a los actos más surreales de Dalí, como lo haría una especie de Fontana de Trevi pero con un culo de tres metros de altura.

PD: El domingo pasado, 28 de junio, se cumplieron 75 años del fusilamiento de Vicente Miguel Carceller en el paredón de Paterna.Por primera una autoridad, en este caso el alcalde y el Ayuntamiento de Valencia se personaron en el homenaje


Israel Pedrós
 carceller
* Datos libro
Autor: Antonio Laguna Platero
Editorial: El Nadir (Valencia, 2015)Precio: 20 euros

 
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Captura_blogEn los últimos meses Isra ha bajado de la nave para publicar diversos posts alrededor del mundo de la Startup. Son crónicas de las clases que ha realizado en Madrid en Startup Academy (de noviembre 2014 a abril de 2015). Giran en torno a cómo crear empresas apoyándose en el mundo digital, y como gestionar las diferentes fases del proceso, pero contadas desde un estilo más desenfadado.

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