Reseña de “El cura y los mandarines” de Gregorio Morán

Publicado en Cuaderno 10 
Autor: Israel Pedrós Pastor
ISSN 2171-9985 
 

Reseña de “El cura y los mandarines” de Gregorio Morán*

Este libro es el que muchos quisiésemos escribir, incluso asumiríamos encantados sus fallos.

Sorprende que no se hubiese escrito nunca. Es un manual sociocultural – de historia y literatura, para los que no estén acostumbrados a las últimas tendencias en etiquetas – que abarca desde 1962 a 1996. Es un manual por toda la información que contiene, mucha inédita y porque su índice onomástico debiera ser una guía de referencia obligatoria de periodistas y universitarios, como mínimo. Y además está brillantemente escrito, tomando de referencia una novela china de dónde copia el subtítulo. Pero todo eso es solo un daño colateral de su característica principal: una pregunta que quiere resolver y que es motor incansable a lo largo de las 700 páginas. ¿Por qué la mayoría de los intelectuales se hicieron conservadores o reaccionarios?

Pero como decía, no es solo por lo que sabe por lo que quisiésemos haberlo escrito sino por cómo está contado. Está narrado, y de qué forma, por un escritor y no por un estudioso. Gregorio Morán es un narrador peculiar, porque te habla de tú a tú, a veces con ironía y a veces con la soberbia de la rabia. Pero siempre hay una nota al pie puntual, guardaespaldas de cada afirmación. Se ha leído hasta la última novela del falangista trepa que le publicaron y que ni el mismo autor se atrevió a leer, solo para hacer una broma. Lo ha hecho para proponer relecturas de autores grandes y pequeños, para que no sigamos repitiendo opiniones prestadas de los libros de texto de literatura del colegio. O para que las cuestionemos.

Siempre se ha criticado al “abuelo cebolleta” que contaba batallitas. Pues Gregorio Morán lo es en el mejor sentido. Puedes asistir como lector embobado aprendiendo cosas sin parar, y aprendiendo las cosas que no se cuentan, los entresijos del contubernio de Munich o Fraga montando El País desde Londres, ese periódico que creíamos que era progre. O los montajes de Cela y de un excura que se hizo duque y estuvo detrás de cualquier evento. O desteñir los mitos, como el de aquel luchador que salió de la cárcel y montó un banco, mientras lo pusieron de presidente de la Generalitat. Pero también cosas pequeñas, como descubrir poetas olvidados, reencontrarse con Tiempo de Silencio o con la entereza de Max Aub, o descubrir cómo se gestaron tantas cosas en Santander, que aguantó mucho más tiempo que sus vecinas como republicana porque se les olvidó, o cómo desde ahí se urdían conspiraciones y pactos extraños.

En conclusión, el libro traza nuestra doble tragedia cultural y política que parece casi kafkiana. En 1962 los vencedores deciden perdonar ellos a los vencidos, y cuando llega la democracia, son los hijos de los vencedores los que perdonan a sus padres. Y en ese extraño síndrome de Estocolmo seguimos. Que el libro empiece en el 62 no es casual. Pero eso ya casi mejor léanlo en el libro que le recomiendo. Así como las sabatinas intempestivas que escribe los sábados en La Vanguardia, donde pueden hacerse una idea de la talla del autor.


Israel Pedrós Pastor
 
 
 
* Datos libro
Autor: Gregorio Morán
Título: El cura y los mandarines. Historia no oficial del Bosque de los Letrados. Cultura y política en España 1962-1996
páginas: 832
Editorial: Akal (Madrid, 2015)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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¿Puede haber literatura al alimón?

Publicat en Cuaderno 10 (15-09-2015)
Autor: Israel Pedrós Pastor
ISSN 2171-9985 
 

¿Puede haber literatura al alimón?

¿Se han fijado alguna vez en lo juguetona que es la expresión «al alimón»? Acostumbramos a no usar las palabras que suenan bien, desconozco el porqué. Hasta no hace mucho había un sinónimo que se usaba mucho: «consenso». En realidad no sé si ambas significan lo mismo pero no he encontrado ninguna filóloga de guardia que me lo resolviese, así que permítanme que especule de oídas. El «consenso» suena más resignado, a una falsa amistad con la melancolía; sin embargo, «al alimón» es como un fin de semana que empieza, entre brincos y haciendo planes. En nuestra literatura seguimos ocultando alalimones en eufemismos, por ejemplo seguimos llamando a la generación luminosa de la república la «Generación del 27», tal y como la bautizó Menéndez Pidal en tiempos oscuros; pero ya no nos debería valer el atenuante, porque ya nos encendieron la luz, y deberíamos reivindicarlos con el tiempo en el que todos ellos creían y crearon al alimón: «La Generación de la República» — y no vincularlos a un número que no dice nada, y más a ellos que dijeron tantas cosas con sentido—.

Otra palabra que exige que vayamos al alimón y suena bien es «solidaridad» — tan solo hay que desgranar el astro y el verbo que la componen— pero exige que rompamos el consenso de las lágrimas de cocodrilo y la inercia de los consensos. Hay que volver a leer a Mafalda pero con calma y osadía. Nuestro presidente también lo dijo en una entrevista: «una cosa es ser solidario, y otra es serlo a cambio de nada». A priori puede parecer una paradoja. Pasados unos minutos sigue pareciendo una estupidez, pero unas horas después, si le damos la vuelta al sentido en que Rajoy lo diría, podemos ir al alimón con él, la solidaridad no debe ser caridad sino que debe servir para cambiar algo. Primo Levi ya lo planteó en sus lúcidos libros los interrogantes dolorosos: cuando la sociedad alemana iba a un mercado dominical repleto de ropa y zapatos baratos ¿no se preguntaba, no sabía el porqué de ese precio? En la literatura este cuestionamiento de la inercia consensuada se ha hecho desde múltiples perspectivas, una muy curiosa la hizo el valenciano Max Aub desde el exilio mexicano en un cuento con título muy seductor La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco. En él se descubre que fue un camarero mexicano el que lo mató pero no por razones de justicia o de ideología, sino que lo hizo para que no se eternizasen las letanías y los cafés de los españoles exiliados allí, y le hiciesen la jornada laboral más distraída…; o tal vez lo hizo sólo para que fuesen más allá del obstáculo y para que pensasen más a largo plazo y al alimón.*

* El cuento de Max Aub es muy breve, así que léanlo: es un descubrimiento curioso.


Israel Pedrós
 
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Reseña de “Carceller. El éxito trágico del editor de La Traca” de A. Laguna

Publicat en Cuaderno 10 (02-07-2015)
Autor: Israel Pedrós Pastor
ISSN 2171-9985 
 

Reseña de “Carceller. El éxito trágico del editor de La Traca” de A. Laguna*

¿Qué es la sátira? Hay miles de definiciones y generalmente la mayoría, o las visiones más hegemónicas de ella, suelen ser muy académicas. Algunos historiadores más combativos utilizan una definición bastante más sintética: “la sátira es usar el humor con fines agresivos, como arma en la batalla”; así le dan la vuelta tratando de aprender que la realidad es reflejo del movimiento de sus protagonistas y no el ansia porque la sintaxis sea más pura.

Hoy vengo a hablarles de un libro, de un ensayo que hace justicia a un olvido muy largo. Carceller. El éxito trágico del editor de La Traca, de Antonio Laguna. ¡Corran a comprarlo y leerlo!… Me dicen que la librería está cerrada, así que mientras hacen tiempo les daré tres razones para ello.

1. Porque el olvido es injusto. La Traca es una revista satírica de vital importancia no sólo en Valencia sino en toda Europa. En 1912 Carceller consigue vender 500.000 ejemplares cada semana (y no hace falta que dé los datos de analfabetismo de la época). La expectación que genera hace que cada número se espere con curiosidad para conocer qué pasa con sus personajes (como es el caso dela Nacia que, tras 14 meses sin parir, no se sabía si lo haría o si se alistaría con sus gemelos en las Brigadas Internacionales). Unos dibujantes capaces de mantener ese ritmo nada tienen que envidiar a las vanguardias de París o Weimar. Y eso que se ideaba desde un lugar mucho más pequeño: La Cañada. ¿Por qué no se estudia en las escuelas el fenómeno?… El interrogante lleva muchas claves de nuestra historia.

2. Compromiso y comercialidad no son antónimos. En La Traca hay elementos que no son cómodos a los cánones progres. Pero, además, también se sienten incómodos porque les gustaría moldearla: sus portadas son una declaración clara de republicanismo, de irreverencia, de tener claro quiénes son sus enemigos. Tienen portadas inmisericordes con curas y con el cinismo de la cofradía del santo reproche, con los borbones, con Franco (como la portada del libro) o con Queipo de Llano. Por tanto el análisis debiera replantear las preguntas, obviando fondo y forma, hasta entender el contexto: quién daba la batalla y si La Traca era un arma eficaz. Carceller. El éxito trágico del editor de La Traca parece respondernos (y esto no es ningún spoiler): el adjetivo del título ya alude a su funesto destino: su fusilamiento y el cómo se silenció casi hasta hoy la revista.

3. Porque los Carceller no se estudian. Vicente Carceller fue un dibujante y empresario que se empeñó en resucitar La Traca discutiendo con censores, cárceles, multas… teniendo claro siempre qué editorial quería poner. También estuvo detrás de otras revistas satíricas, como El Chorizo japonés, en cosas más literarias y en otras más falleras y taurinas, en el Teatro Serrano y en el Cine Metropol. Sin él no se puede explicar la cultura de Valencia o la de España durante el primer tercio del XX. Y sin embargo se sigue explicando. ¿Por qué? Seguramente porque es más cómodo el relato de intelectuales dubitativos en su torre de marfil, en lecturas teóricas y superficiales de la realidad. No se trata de hacer de Carceller un héroe altruista, pero sí de estudiar su legado para saber qué hizo. Y además, y sobre todo, porque lo hacía con humor y rebeldía. Por eso el libro es tan recomendable. Si no me creen lean el episodio del “nano” que movió de la Calle d’En Llop hasta la Cañada: nada que envidar a los actos más surreales de Dalí, como lo haría una especie de Fontana de Trevi pero con un culo de tres metros de altura.

PD: El domingo pasado, 28 de junio, se cumplieron 75 años del fusilamiento de Vicente Miguel Carceller en el paredón de Paterna.Por primera una autoridad, en este caso el alcalde y el Ayuntamiento de Valencia se personaron en el homenaje


Israel Pedrós
 carceller
* Datos libro
Autor: Antonio Laguna Platero
Editorial: El Nadir (Valencia, 2015)Precio: 20 euros

 
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